Los mercados aguardaban una semana difícil -en mayo hubo datos desalentadores en los Estados Unidos y en Europa- hasta que mejoró el jueves y en las Bolsas los inversores evalúan en cada rueda la eficacia, capacidad y resultados de las políticas financieras aplicadas. La estrategia es mostrarse inmune y fuerte ante los problemas de los demás, pero la fragilidad en las cotizaciones -por la volatilidad- muestra la vacilación y la angustia que ocasionan las pérdidas.
El mercado de deuda de empresas -corporativo- se endureció afuera, y en la Argentina está suspendida la emisión de obligaciones negociables en el sistema bursátil, hasta que cierre el canje de deuda -aún en default- donde la adhesión alcanzó a U$S 10.500 millones de un total de U$S 18.300 millones más U$S 9.000 millones de intereses no pagados.
El lunes se reunirá la FAO en Roma para tratar la repercusión de la crisis en el valor de los alimentos - con caída en las bolsas de cereales y azúcar- y los documentos previos muestran que el crecimiento agrícola suele ser más estable que otros sectores. Campeó el temporal y mantuvo la producción, y la crisis de los alimentos y la energía de 2006 a 2008 se anticipó al tembladeral financiero. Al comenzar este año, los precios de los alimentos disminuyeron bastante, pero siguieron altos en comparación con los promedios históricos recientes.
Existe una mayor vinculación del precio de los productos alimentarios con el valor de la energía tanto en la oferta como la demanda de la producción agrícola, y la recesión en los países desarrollados afectó negativamente al comercio global -cayó 11% en 2009- pero la población mundial sacrifica otros productos como los industriales y los servicios, para asegurarse de poder comprar los alimentos. Bien para Argentina.